UNA BODA MUY FAMILIAR EN CÓRDOBA

Una breve historia sobre una pareja sin fotógrafo 10 días antes de su boda.

Una boda muy familiar en córdoba

Una boda muy familiar en Córdoba

Acabo de entregar la primera boda que he hecho en este año, una muy tempranera, en enero. Ha sido una experiencia distinta desde el principio, y que ha sacado lo mejor de mí. Y ahora, que ha terminado el trabajo entregando un álbum, que he llevado en mis propias manos hasta casa de los novios, siento una paz y una sensación de satisfacción muy grande. Y me apetecía compartir la historia que he vivido con ellos.

Esta pareja me contactó apenas una semana antes de su boda. Justo acababa de terminar mi web, esta web, en la que ofrezco mis servicios como fotógrafo de bodas

Buscaron “Fotógrafo de boda en Córdoba”, y me encontraron en el listado, no sé en qué posición, pero por ahí estaba. El texto que acababa de escribir unos días atrás para contar mi forma de trabajar resultó ser la luz y el faro que andaban buscando.

¿Pero cómo es que no tenían fotógrafo una semana antes de su boda?

 

¿Acaso tenían uno contratado y desapareció? ¿Quizá lo secuestró una banda de ladrones de cámaras?

Nada de eso. Esta pareja iba a celebrar una boda muy familiar en Córdoba, con sus familiares más cercanos, y en ese contexto no habían reparado en hacer un reportaje de fotos. Ir al ayuntamiento en un día laborable, casarse, e ir a comer todos juntos para celebrarlo. 

 

“Somos un poco tímidos”.

 

En el email en el que me contactaban me exponían su timidez. Les daba cierto pudor que les disparasen con la cámara, porque para ellos, eso de salir en fotos, dejarse fotografiar por alguien extraño, pasar por ese trance, no era algo con lo que se sintiesen cómodos.

Conozco esa sensación, porque alguna vez la he sentido en mi piel. Y no es sólo la timidez, es abrir esa puertecita de una celebración privada a alguien que no conoces. Entiendo que no es fácil.

Pero si no abres, si no te expones a eso, entonces no tienes fotos. En medio de sus dudas, irrumpió la madre de ella. «¿Cómo no vais a llamar a un fotógrafo? Hacedlo! No os arrepentiréis!» 

Guiados por la madre, se obligaron a buscar a alguien, se lanzaron.  

Esa situación de estar a una semana de su boda sin fotógrafo me fascinó en cierto modo. Nació en mí un reto: quería darle a esta pareja unas fotazas. Un recuerdo bonito para ellos y para sus familias. Pero no solo eso, quería que además se sintiesen a gusto conmigo, tratarles con prudencia pero también con cariño. Respetar su intimidad, pero estar cerca, para asistirles en cualquier cuestión que les inquiete.

Porque ese también es el trabajo de un fotógrafo de boda. O de cualquier profesional involucrado en una boda. Una pareja se va a casar una única vez. Y es mi deseo y responsabilidad que no tengan que preocuparse por nada, y que traten de centrarse lo máximo posible en disfrutar de su día. Y esto vale para todas las bodas del mundo, chicas y grandes, religiosas o no.

Dispararé muchas más bodas. Pero ellos vivirán esto una única vez.

Por eso, me gusta transitar esa fina línea entre la discreción y el atrevimiento. No quiero estar siempre encima de unos novios disparándoles. Quiero darles su espacio. Hablarles sin tapar mis ojos con la cámara. Y quiero ganarme su confianza para que una vez estén relajados, disparar fotos preciosas para ellos.

Les envié unos días después un breve adelanto, y cuando leí su respuesta la verdad es que se me saltó una lagrimilla:


Qué puedo decir. Abrimos tu email con algunos nervios. Voy a intentar transmitirte mi, nuestro agradecimiento. Veíamos las fotos y en mi mente resonaban las palabras «no me lo creo». Pero es real, tus preciosas fotos son reales. GRACIAS. No nos cabe duda de que hemos sido muy afortunados al poder contar contigo. Veo en las fotos lo que me cautivó de tu trabajo. El capturar momentos fugaces fuera de los posados (aunque te pedimos infinitos con la familia xD). Momentos fugaces. Capturas sonrisas naturales que son difíciles de encontrar en un posado formal. Nuestra foto favorita, quizás es la última que nos adjuntas (¿puede ser más bonita? ¿Puede estar mejor hecha? No. Si incluso parece que estuviésemos solos, ¡no estamos rígidos!). Pero hay otra muy especial para mí. Cuando salimos del ayuntamiento. La naturalidad. La sonrisa de mi hermano. La expresión de mi madre…

Solo con estas fotos ya estamos felices y podría seguir escribiendo mucho más para darte las gracias…


una boda muy familiar en Córdoba

 

La confianza que depositaron en mí, y el reto de darles lo mejor que sabía hacer se vio recompensado en ese justo momento en que leí sus primeros comentarios.

Seguimos intercambiando muchos más emails, mensajes, hablando del reportaje, y cada vez que me escribían derrochaban alegría, me contaban lo encantados que estaban los familiares, y sobre todo, lo feliz que estaba la madre de ella, la persona que les dijo “Buscad un fotógrafo, si no, os vais a arrepentir.” Una mujer sencilla, de mirada amable, a la que disparé un buen puñado de retratos junto a la novia y a sus otras dos hijas e hijo.

Esta semana, cuando culminaba el trabajo, cuando todos tienen sus álbumes encuadernados, los novios el suyo, y ambas familias otro, he sentido de nuevo la paz y la satisfacción de saber que ese recuerdo está ahora en 3 casas distintas, de manera física, y que lo abrirán siempre que quieran para recordar el precioso día en familia que les brindó la vida.

Así que desde aquí les mando un GRACIAS, así en mayúsculas por confiar en mí.

Nota: Antes de la boda, los novios me pidieron mantener en la privacidad las imágenes de su boda. Un derecho que atiendo y respeto cuando los novios me lo piden. Tras ver las fotos de su boda, han decidido gustosamente dejarme enseñar unas poquitas. Igualmente, he contado con su permiso para escribir este artículo. También me consta que no paran de recomendarme, y les estoy muy agradecido.


Y si tú que lees esto te sientes identificada/o con esta historia y quieres preguntar algo sobre mis servicios puedes llamarme o escribirme a:

davidmolinagrande@gmail.com / +34 647647294