Pastos, atardecer y un pacto con el sol
El paisaje veraniego no tiene buena prensa. Al menos en la parte menos húmeda de la península. Concretamente, los andaluces tendemos a añorar el verdor del campo en primavera, y que además no todos los años tenemos. Y cuando vemos los paisajes del norte nos quedamos con la boca abierta.
Habitualmente las parejas me dicen: «es una pena, porque el campo estará muy seco, y no va a lucir tan bien como nos gustaría…»
Bien es cierto que si nos damos un paseo por el campo a mitad del día, la luz vertical afea cualquier paisaje. Si a eso le unimos el calor, la verdad es que no dan muchas ganas ni de exponerse al sol. Pero la cosa cambia a partir de las 19.30 aproximadamente.
La luz dorada del sol impactando sobre el campo dorado, crea unos tonos cálidos preciosos. Esta paleta es además suave, por lo que no roba protagonismo a la pareja.
El amarillo del campo funde muy bien con los tonos de piel, creando una estampa armónica y romántica. Por eso, una vez llega la hora adecuada, esta luz es perfecta para hacer fotografía de boda al atardecer.
No debería preocuparte que el entorno natural esté seco. De hecho, a menudo los fotógrafos preferimos ese tono amarillo, siempre y cuando tengamos disponible el atardecer para disparar. Si tu boda es de mañana, la luz será más complicada en el campo. En estos casos, conviene buscar alternativas a la luz del sol, filtrarla un poco, compensar con flash… y porqué no, guardarse algo de energía para cuando la barra libre haya comenzado. Si alargáis la fiesta, por la tarde, el sol bajará y habrá otra oportunidad.
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