Me gusta mucho sacar a pasear la cámara fuera de las bodas.
Fuera de los convites.
Sin vestidos ni chaqués.
Salir a buscar qué más hay en las casas de la gente.
Ver cómo son cuando da igual si una camisa está arrugada.
Saber qué dicen cuando no hay cientos de personas mirándoles.
Una tarde en familia.
Llenarme de aire fresco con algo tan simple como verlos sentados en el suelo.
Mirándose.
En paz.
Sin prisas.
En calma.